Mortal ingrato y nula la victoria,
¿Por qué, ya que hay Dios, vence el infierno?»
Así del dolor víctima, el espíritu
Se rebelaba contra cielo y tierra...
Mientras mi pie inseguro caminaba;
Cuando de par en par vi abierto el templo,
De fieles despoblado, y donde apenas
Su resplandor las lámparas lanzaban.
IV
Majestad de los templos, mi alma femenina