Que lenta se desprende sobre el verdoso charco.

Y aún más que los acentos del órgano y la música

Sagrada, conmovióme aquel silencio místico

Que llenaba el espacio de indefinidas notas,

Tan sólo perceptibles al conturbado espíritu.

Del incienso y la cera, el acusado aroma

Que impregnaba la atmósfera que allí se respiraba,

No sé por qué, de pronto, despertó en mis sentidos

De tiempos más dichosos reminiscencias largas.

Y la mirada inquieta, cual buscando refugio