Que en un nimbo envolvía vago el sol de la tarde.
Aquel candor, aquellos delicados perfiles
De celestial belleza, y la inmortal sonrisa
Que hace entreabrir los labios del dulce mensajero
Mientras contempla el rostro de la virgen dormida
En el sueño del éxtasis, y en cuya frente casta
Se transparenta el fuego del amor puro y santo,
Más ardiente y más hondo que todos los amores
Que pudo abrigar nunca el corazón humano;
Aquel grupo que deja absorto el pensamiento,