Del que en vano ha querido y no pudo

Arrojar de sus hombros la carga

Pesada del infortunio!

—Cada cual en silencio devore

Sus penas y sus afanes

—Dicen—, que es de animosos y fuertes

El callar, y es la queja cobarde.

No el lúgubre vaticinio

Que el espíritu turba y sorprende,

Ni el inútil y eterno lamento