Como bandada de cuervos por la tormenta acosados,
Ó como abejas salvajes en quien el fuego hizo presa;
Dejad que amanezca el día de resplandores benditos,
En cuya luz se presienten los placeres infinitos...
¡Y huid con vuestra perenne sombra que en el alma pesa!
¡Pensamientos de alas blancas!, ni gimamos ni roguemos
Como un tiempo, y en los mundos luminosos penetremos,
En donde nunca resuena la débil voz del caído,
En donde el dorado sueño para en realidad segura,
Y de la humana flaqueza sobre la inmensa amargura