Y sobre el amor que mata sus alas tiende el olvido.

Ni el recuerdo que atormenta como horrible pesadilla,

Ni la pobreza que abate, ni la miseria que humilla,

Ni de la injusticia el látigo, que al herir mancha y condena,

Ni la envidia y la calumnia más que el fuego asoladoras,

Existen para el que siente que se deslizan sus horas

Del contento y la abundancia por la corriente serena.

Allí donde nunca el llanto los párpados enrojece;

Donde por dicha se ignora que la humanidad padece

Y que hay seres que codician lo que harto el perro desdeña,