Del Sar cabe la orilla,

Al acabarme, siento la sed devoradora

Y jamás apagada que ahoga el sentimiento,

Y el hambre de justicia, que abate y que anonada

Cuando nuestros clamores los arrebata el viento

De tempestad airada.

Ya en vano el tibio rayo de la naciente aurora

Tras del Miranda altivo,

Valles y cumbres dora con su resplandor vivo;

En vano llega mayo de sol y aromas lleno,