Por las lejanas alturas,

Y el anciano despierto, ella risueña,

Ambos su pena ocultan,

Y fingen entregarse indiferentes

Á las faenas de su vida obscura.

III

La culpada calló, mas habló el crimen...

Murió el anciano, y ella, la insensata,

Siguió quemando incienso en su locura,

De la torpeza ante las negras aras,