VII
Así como el lobo desciende á poblado,
Si acaso en la sierra se ve perseguido,
Huyendo del hombre que acosa á los tristes,
Buscó entre las fieras el triste un asilo.
El sol calentaba su lóbrega cueva,
Piadosa velaba su sueño la luna,
El árbol salvaje le daba sus frutos,
La fuente sus aguas de grata frescura.
Bien pronto los rayos del sol se nublaron,