La luna entre brumas veló su semblante;

Secóse la fuente y el árbol nególe,

Al par que su sombra, sus frutos salvajes.

Dejando la sierra buscó en la llanura

De otro árbol el fruto, la luz de otro cielo;

Y á un río profundo de nombre ignorado,

Pidióle aguas puras su labio sediento.

¡Ya en vano!, sin tregua siguióle la noche,

La sed que atormenta y el hambre que mata,

¡Ya en vano!, que ni árbol, ni cielo, ni río,