Le dieron su fruto, su luz, ni sus aguas.

Y en tanto el olvido, la duda y la muerte

Agrandan las sombras que en torno le cercan,

Allá en lontananza la luz de la vida,

Hiriendo sus ojos feliz centellea.

Dichosos mortales á quien la fortuna

Fué siempre propicia... ¡Silencio!, ¡silencio!

Si veis tantos seres que corren buscando

Las negras corrientes del hondo Leteo.

LOS ROBLES