De predilecto amor, lugares santos
Que todos respetaron.
¡No! En los viejos
Robledales umbrosos, que hacen grata
La más yerma región, y de los siglos
Guardan grabada la imborrable huella
Que en ellos han dejado, ¡nunca!, ¡nunca!,
Con su acerado filo osada pudo
El hacha penetrar, ni con certero
Y rudo golpe derribar en tierra,