Los lirios perfumados, las violetas,
Los miósotis, azules como el cielo
—Y que bordando la ribera undosa
Recordábanle al triste enamorado
Que de las aguas se sentaba al borde
Aquella dulce frase, ¡siempre inútil,
Mas repetida siempre!: «No me olvides»,
Todo marchito y sepultado todo
Sin compasión, bajo el terrible peso
De los ya inertes troncos. La corriente