El zócalo de su estatua está vestido de verdura por una fresca invasión de enredaderas. La Virgen Negra es patrona de los marineros. Desde su trono de piedra muestra su niño Jesús al mar; y por ella, muchos hijos de pescadores ven llegar a la casa pobre, después de las tempestades, blancas barcas chorreando agua salada.

¡María Stella! La estrella del mar tiene al Dios hijo en los brazos. ¡Orgullosa con su delfín, franceses! Esa reina de la Francia celeste, en su maternidad, es la que libra de los vientos y de las rocas vuestras barcas, y la que hace madurar vuestras uvas, que dan la

En Normandía de Francia, yendo del Havre
a Orcher, se encuentra un pueblecito coronado
por una bella estatua de la Virgen.

sangre y las danzas. Vosotros, campesinos de Orcher, marineros del Havre, sabéis hacer su fiesta con el canto de los campanarios, los cirios nuevos y las ofrendas florales.

Ella, que es estrella de la mañana, es también el faro, la estrella de la noche. Cuando el sol se va queda su sol sublime. ¡Stella Vespertina! Encarnada en el más duro de los metales, ha puesto en él su enternecimiento y su gracia. Así esa gran Virgen, formidable en su bronce, tiene el propio encanto, la misma humildad materna de las vírgenes delicadas de los lienzos y de las místicas esculturas policromas que están en los templos. De todas las manos que a ella se tienden bajo la tormenta, ¿cuál es la que no halla apoyo? Tú, que te hundes, no tienes en tus labios sino palabras de blasfemia y de desesperanza...

El milagro existe. El milagro lo cuentan pescadores canosos, domadores de vientos. El que no cree en el milagro, no ha rogado nunca en una inmensa desgracia, no ha tenido jamás el momento de pedir llorando, con el alma, un algo de su piedad y de su dulzura a la madre María. Ella tiene siempre la sonrisa en sus místicos labios. Ella tiene a cada instante el gesto de salvación, la mirada de aliento, lo que apacigua a Behemot, y lo que detiene a Leviathan.

Su hermosa cabeza imperial y maternal se mueve entoldada por un zodiaco de virtudes. La ola enorme del mar que ella tiene a sus pies, no hace su obra brutal si ella la mira. Cada bruma le reza, cada espuma le canta. El vago y fugitivo iris tiene siempre, para que ella pase, listo su puente. Las gaviotas vuelan alrededor de la media luna que ella pisa.