prendéis en el fanal de mi pupila

esa vívida lumbre de las diosas!

¡Qué fulgentes los ortos de mi dicha

cuando os veo venir; cuando radiosas,

el perfume esparcís de las praderas;

cuando, a su paso, vuestros pies enfloran;

cuando bajan en densas espirales,

del cabello, las víboras, que enroscan

sus anillos de seda en vuestro cuello:

esas ávidas víboras que flotan