como obscuros afluentes del Cocito

o cual rayos de una alba esplendorosa,

buscando sobre el seno palpitante

la miel de Hymeto en la colmena roja!

¡Athis divina! ¡Que se encienda mi alma

en la risa de luz que hay en tu boca,

y que es rayo auroral que va jugando

en los pétalos frescos de una rosa!

¡Que me envuelva tu pelo rubio, como

un áureo manto real! Y que a la sombra