bellas hijas de Pira...! ¡Ven, Cyrina,

la del mohín lascivo...! ¡Ven, Andrómeda!

¡Timas, Naís... volad! ¡Volad! ¡Que escancie

la madre del Amor en nuestras copas

sus embriagantes vinos...! ¡Que se tiñan

los auríferos bordes, y las rosas

de vuestros grasos labios encendidos

ensangrienten la tez de sus corolas!

¡Matadme, delirantes...!

¡Ven, Corina;