hazme que pruebe de tu piel sabrosa!

¡Ponme borracho de deleite...! ¡Déjame

con mis sedientos labios en la copa!

Y tú, mi Cydno, ¡mi adorada Cydno!

¡Blanca como el plumón de la garzota,

como la espuma que envolvió a Citeres

en pañales de tul...! Ya la zozobra

de nuestras gratas expansiones íntimas

me agita el corazón, e hirviendo, azota

mi sangre las arterias. ¡Haz que sea,