Como véis son absolutamente bárbaros; y se ha procurado y se procura infundirles ideas nuevas e importarles diferentes artefactos, así como iniciarles en los refinados adelantos de nuestro ilustre Occidente. Como Ranavalo lee los periódicos, se ha encontrado, a su llegada, con el asunto de la secuestrada de Poitiers, una señorita encerrada por su distinguida madre y su ex suprefecto hermano, durante un período de veinticinco años, y encontrada medio podrida en un infecto cuarto; varios procesos de delitos contra natura; un obispo estafador; un tal príncipe de Vitenval, pontificio, preso por idénticos motivos; descubrimiento de torturas y castigos vergonzosos en el ejército; la cuestión dudosa del Figaro; y los odios antisemitas y nacionalistas. Y al enterarse habrá exclamado: ¡Andrianamanitra mby an-trano! lo que, como ya sabéis, quiere decir en lengua de Madagascar: ¡El buen Dios está en la casa!


A la reina se la dan—hay que ser justos—25.000 francos al año; lo cual representan el revenu de cualquiera buena burguesa retirada de sus negocitos. En cambio, el militarismo nacional impuso a la honesta república la conquista de un país ya unido a Francia por lazos morales y políticos, desde el tiempo de Luis XIV. El dulce Mercier fué el alma de esta campaña heroica que costó a los franceses siete mil soldados muertos de disentería y fiebres tropicales. La toma de Tananarive no costó un solo cañonazo: la reina y los príncipes se entregaron a la generosidad de los invasores. Francia asumió el protectorado directo de la isla. Las cosas andaban muy bien y ya empezaba a reinar el bienestar en el país, cuando, con pretextos más o menos fútiles, el general Galieni, secuestró violentamente a Ranavalo, la despojó de toda autoridad, e hizo fusilar en la plaza pública a los parientes y ministros de la pobre soberana esclava.

Por eso cuando ahora la preguntan a ésta si ha tenido noticias de la bas se pone casi a temblar y olvida el francés que ha aprendido.—«Des nouvelles? Non, non. Jamais des nouvelles. Rasanjy? Sais pas. Philippe Razafimandimby? Sais pas!» No, no quiere saber nada. Se imaginará que la van a fusilar.

Y la sobrinita María Luisa, que se llama en malgacho Zatú, tiene ya nociones de lo que es la civilización europea. Y cuando la preguntan: «¿Qué quieres ser tú cuando seas grande?» contesta:

—«¡General!»

El año pasado, en la Exposición, tuve oportunidad de conocer a una señora francesa que había habitado por largo tiempo en Madagascar. Llevaba consigo a una morenita hova, como de siete años, vestida con su traje nacional, de lanas y sedas rojas y blancas. El pequeño bronce vivaz tenía los más lindos ojos negros y una graciosa sonrisa que enseñaba la finura de sus preciosos dientes. Hablaba la malgachita con toda facilidad el francés y el inglés, y sus gestos y movimientos denunciaban selección de raza y origen principal. La señora contaba la historia de su bello hallazgo exótico, y es singular. Era la niña hija de un alto dignatario. Cuando los pacificadores de Galieni quisieron sofocar una pretendida rebelión, cuya causa mayor eran exacciones de colonos aventureros, no encontraron mejor medio que imponer el terror, y así fusilaron a gran parte de personajes influyentes, cuyo concurso habría sido justamente indispensable para calmar cualquier movimiento sedicioso o de protesta. Refugiados los sobrevivientes en lo intrincado de las selvas, vivieron allí meses de hambre y angustia. Los que se atrevían a salir servían de blanco a los soldados. Por otra parte no era un sport nuevo. Los ingleses lo conocen.

Un día, después de una matanza de indígenas, encontraron abandonada a esa chicuela, en un estado de lamentable extenuación. La buena señora la recogió y después de muchos cuidados, logró salvarla. La niña contaba que por largo tiempo había vivido alimentándose de raíces. La misma señora no cesaba de alabar la inteligencia de su protegida. La raza hova—decía—es de las más nobles y fáciles de gobernar. Es verdaderamente una inmensa injusticia la que se ha cometido imponiendo el régimen militar con su séquito de excesos y sus crueldades. Actualmente todavía se impone allá la ley marcial. Fusiles y espadas dominan.

Y la niña como que quería agregar:—Andrianamanitra mby an-trano!...