A vuelta de Jules Bois de la India ha coincidido con un despertamiento de curiosidad para los estudios psíquicos. Le Journal y Le Matin han publicado relaciones de milagros, reportajes de personas iniciadas en los asuntos del au-delà; y han hablado sacerdotes, médicos, magos, espiritistas y videntes. He creído oportuno, pues ocuparme en este asunto; y me he dirigido a un amigo mío muy versado en lo que pasa de tejas arriba, artista y teólogo, perteneciente a los círculos swendemborguianos y espíritu convencido. He hablado ya de él en otra ocasión: me refiero a G. Núñez.
Era una tarde opaca, como de comienzos otoñales; llegué a la casa de mi amigo con objeto de saber su opinión a propósito de los milagros de Lourdes. Le encontré en medio de su familia y en unión de su inseparable Henri De Groux. Una gran Biblia estaba abierta en una mesa. Mientras el crepúsculo penetraba por los vidrios de los balcones, una de las hijas del artista despertaba suavemente en el piano, música vaga, triste, como adecuada al momento.
Debo advertir que creo en absoluto en la sinceridad de mi amigo. A pesar de que muchas veces he oído de sus labios narraciones, sucedidos y hechos personales que parecerían increíbles, no me han sorprendido tanto, después de haberme dedicado, en otros tiempos, a lecturas teosóficas y ocultistas. Las historias y experimentos de Núñez, no me parece que sobrepasen a lo que todos conocemos en William Crookes, H. P. Blavatsky, Richet, Lombroso y tantos otros. Núñez es un oculista cristiano; y, repito, es un hombre sincero. Es este el principal valor de su opinión.
Sentadas mis proposiciones y hechas mis preguntas, quedóse mi amigo meditando. Luego, comenzó a hablar:
—No pueden, me dijo, negarse los hechos. El mismo canónigo Brettes, dice que esas maravillas están anunciando en renacimiento de fe.
Animado por la lectura de esas polémicas y opiniones, había creído oportuno publicar algo de lo que yo creo comprender sobre los innegables milagros que se han producido y se siguen produciendo en Lourdes. Es muy cierto que la humanidad está esperando hoy un nuevo fiat lux.
Es muy cierto que aguardamos ese fiat lux, que venga a restablecer el orden moral que todos ansiamos.
Nos encontramos en plena era de lo metafísico.