San Pedro y San Pablo resucitaron muertos, como consta en los Actos de los Apóstoles.

Según la teneduría de libros de las oficinas de Lourdes, los enfermos restablecidos en salud no han pasado nunca de un diez por ciento (información que se le dió a M. Emile Zola), y, sin embargo, es sabido que hay gente que ha hecho el viaje a Lourdes durante ocho y diez años consecutivos sin lograr que el milagro los toque.

No puede darse mayor fe que la de esos desgraciados. Nunca logran su curación, a pesar de su persistencia, y, sin embargo, Jesús ha dicho que la fe transporta las montañas. Jesús no ha mentido, pero los hombres trastornan su fe; ahí está la explicación.

¿Debemos creer, por los fiascos de Lourdes, que los poderes de Dios sean limitados o encuentren en el mundo material obstáculos imprevistos para realizarse?

No. Pero es lo cierto que nos encontramos en Lourdes con un dilema colosal. Hélo aquí: O Dios se encuentra imposibilitado para curar a todos los enfermos que van allí, o le ha puesto un freno al autor de los milagros para que no traspase los límites determinados por su infinita sabiduría.

El mismo M. de Brettes reconoce que hay en todo eso un designio particular de Dios que nosotros los hombres ignoramos. Tiene razón. Eso no puede negarse, como ha habido también un designio de Dios, y esto tampoco puede negarse—en las apariciones de espíritus (que M. de Brettes reconoce) y sus hechos ampliamente demostrados por los hombres de ciencia que no son capaces de mentir, y entre los cuales se nombra a M. Camille Flammarión, William Krookes, Zoelner y otros.

También ha habido designio particular de la Providencia cuando permitió que el príncipe de Gales, hoy rey de Inglaterra, presenciara los milagros portentosos hechos por los fakires indios, y que han sido relatados en sus viajes para asombro de los que los leen. Ya se ve por todo eso que Dios prepara un renacimiento de fe, como dice M. de Brettes.

El clero romano sabe o debe saber estas cosas. El mismo canónigo dice en su conferencia con Naudeau, que la aparición de los espíritus es un hecho, y si él y el clero romano saben a qué atenerse con respecto a los espíritus y a sus mentirosos milagros, habrán observado también que todos ellos tienen un mismo carácter, que todos están limitados a ciertos casos y a condiciones determinadas. Como pasa en Lourdes.

Los fines de la Providencia al permitir esos milagros, no son otros que el restablecimiento de la fe contra la ciencia experimental, contra el materialismo moderno y la filosofía positiva, que sin esos obstáculos que se oponen a su progreso se despeñarían como un torrente maligno. Dios ha querido desacreditar y destruir la ciencia de mala ley que se esfuerza en atacar el principio espiritual de la naturaleza.