Como Dios no es un ser sujeto a vanidades ni a caprichos, ni es lícito suponer que haga lo que hace para ser mirado por los hombres, nos vemos forzados a convenir que los milagros de Lourdes, así imperfectos como son, han sido permitidos por Dios para que los hombres aprendamos con ellos algo que nos interesa saber.
El estudio y la observación en los tiempos presentes en la historia de la humanidad, nos están revelando que el mundo ha de cambiar de un momento a otro; que está cambiando. El canónigo de Brettes ha dicho, con mucha razón, que la crisis presente es demasiado fuerte. Que estamos en una época de agonía, de angustia, y que el sér humano implora la Verdad, cueste lo que cueste. Que es preciso que la Verdad se presente, que aparezca. El sér humano la llama a gritos, la invoca, la quiere. Una revolución moral está a la vista. Esas son sus palabras.
Todos los grandes pensadores están diciendo lo mismo. No hay quien no lo observe, y, sin embargo, mentira parece, nadie quiere darse cuenta de que estamos entrando en el gran día del Juicio final. Monsieur Brettes lo presiente.
Nadie se da cuenta de esa Verdad. Todos creen que aquel gran día está a una distancia inconmensurable de nosotros, sin advertir que lo tenemos encima.
No me sería difícil explicar las razones en que reposa ese engaño, pero, como quiera que sea, en ese gran día hay muchas cosas que están condenadas a perecer, y una de ellas es la religión católica, apostólica, romana.
El que quiera verlo claro, que lea los capítulos XVII y XVIII del Apocalipsis y se convencerá de ello; verá a esta religión tratada como una mujer vestida de oro y pedrería, con un cáliz en la mano lleno de abominaciones y un nombre en la frente: Misterium, etcétera.
Roma está condenada a desaparecer, y lo prueba su decadencia y su perdido prestigio.
Una nueva religión vendrá en que se adorará a Cristo en toda su gloria.
La gloria de Cristo va brillando más y más cada día, y el hombre observador notará que hay una gran verdad que se abre paso en medio de esta crisis, que aparece como envuelta en nubes, pero que cada día se ve más clara.