Esa es la nueva religión. La verdad cristiana en toda su pureza.

—¿Y el Antecristo?... me atreví a preguntar.

—Aquí es donde vamos a encontrar la solución del misterio de Lourdes; pero antes es necesario saber quién es el Antecristo.

El Antecristo no es un guerrero (como se ha dicho), que ha de venir del Oriente con grandes ejércitos cual otro Atila, a destruir la religión católica, apostólica, romana. Eso es un absurdo. No se necesita tanta fuerza y aparato semejante para destruir una institución que ya a estas horas está agonizando.

Cuando sepamos quién es el Antecristo, hemos de verlo cara a cara tal cual es; pero antes de desenmascararlo es conveniente que oigamos algunas palabras de los apóstoles, y especialmente de San Pablo, que lo tiene bien apuntado con el dedo.

Oigamos a San Pablo, hablando del Juicio final:

«No os engañe nadie en manera alguna; porque no vendrá aquel día sin que venga antes la Apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.

El que se opone y se levanta sobre todo lo que se llama Dios o es adorado; tanto que, como Dios, se asienta en el templo de Dios, haciéndose parecer Dios, ¿No os acordáis que cuando estaba con vosotros, os decía esto?

Y vosotros sabéis qué es lo que impide ahora para que a su tiempo se manifieste. Porque ya se obra el misterio de iniquidad: solamente que el que ahora impide, impedirá hasta que sea quitado del medio.

Y entonces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con la claridad de su venida.