Aquél cuya venida será, según la operación de Satanás, con toda potencia, y señales, y milagros mentirosos.
Y con todo engaño de iniquidad obrando en los que perecen.»
(II de los Tesalonicenses. Cap. II, 3-10.)
El Antecristo es La Muerte.
La muerte es un ser invisible, un espíritu malvado que habita en el mundo y que no desea ni hace otra cosa que trabajar por separarnos de la tierra. En otra Epístola de San Pablo, hablando también del Juicio final, dice lo siguiente:
«El postrer enemigo que será destruído es la muerte.»
(1a. de Corintios XV, 25.)
Ese hombre invisible es el hombre de pecado, el hijo de perdición de que habla San Pablo.
Nosotros no hemos visto en la muerte sino el fenómeno natural con todos sus horrores, pero no hemos visto la causa de ese fenómeno. Vamos a verla.