Los cristianos de la iglesia primitiva sabían estas cosas (ya olvidadas), y por eso vemos en los crucifijos el cráneo y los huesos debajo de los pies de Jesús. Es una tradición que viene desde entonces. El espíritu de la muerte puede entrar y salir en el cuerpo del pecador si así le conviene. Su puerta es el pecado, como le dijo el Eterno a Caín, y el pecado hace su voluntad.

Las enfermedades de los hombres son pecados funcionando en un organismo humano. Es lo que querían decir los apóstoles cuando decían que «todo pecado engendra la muerte.» La enfermedad es la materialización de un pecado. Se abriga en la carne.

La lepra (enfermedad incurable hoy), la curaban los sacerdotes de Leví con ritos y ceremonias religiosas que Jehova mismo reveló a Moisés.

Jesucristo les decía a los enfermos que curaba: «tus pecados te son perdonados»; y otras veces: «vete y no peques más». La enfermedad es efecto del pecado, que se anida en la carne y la destruye.

La muerte (el hombre invisible), se burla de los doctores y sus drogas.

Los milagros operados por reliquias, huesos de muertos, tierra de sepulcros, aguas encantadas, etcétera, son milagros de hombre invisible, de Caín, que como dice San Pablo, se sienta en el templo de Dios, haciéndose parecer Dios.

Ahí lo tenemos en Lourdes, subido en los altares y realizando milagros mentirosos.

Cuando ese hombre invisible, a quien la enfermedad obedece, no ha llegado todavía a destruir alguno de los órganos indispensables de la vida, la curación se opera con sólo retirarse del cuerpo enfermo, como sucede con las enfermedades nerviosas, parálisis, reumatismo y todas las enumeradas por M. Darieux en su entrevista con M. Naudeau. Pero cuando se ha destruído uno de los órganos indispensables del organismo, el hombre invisible no puede reconstruirlo, porque al infierno no le es dado crear sino matar.

Esa es la razón porque en Lourdes no se pueden ver muertos resucitados, ni piernas reconstruidas, y que las famosas aguas no pueden curar sino un diez por ciento de los enfermos.

Algunos de los que se curan tienen apariencia de muy enfermos, pero no lo están en realidad. Si fuera posible hacerles una autopsia, se encontrarían sus órganos enteros todavía, aunque enfermos muy graves en apariencia.