He de ocuparme en los estudiantes americanos. He de escribir de su vida y de sus esfuerzos. He de visitarlos en los hospitales, en los laboratorios, en los talleres. Y he de contar la existencia del artista, pensionado o no, que pasa sus horas en la esperanza de su visión, en la fe en su arte, en el amor de su propósito. Estos no van a gritar a los monomios, ni buscan recomendaciones. Aprenden las maneras de la juventud libre y sana. No desdeñan reir, a pesar de la arruga que el pensamiento les cincela en la frente. Piensan en engrandecer la patria lejana, con todo y la indiferencia de los gobiernos y las sociales miserias, cegueras e injusticias. Miran, observan las agitaciones de las naciones europeas, los progresos, las tentativas, los fracasos y las victorias. Meditan en sus pensiones, en sus cuartos, en sus estudios más o menos pobres. Sonríen a uno que otro amor pasajero. Y, a la hora de los poetas, suelen venir a respirar olor de bosque bajo los árboles del jardín próximo, como estos verdes y frescos del Luxemburgo.
II
Jean Finot, al hablar de la Inglaterra enferma, no deja de hacer notar la vitalidad creciente de los Estados Unidos. No poco le ha servido para sus estudios y comparaciones la obra de M. Stead sobre la americanización del mundo, la cual tiene como epígrafe una frase de Cobden, en 1835: «We fervently believe that our only chance of national prosperity lies in the timely remodelling of our system, so as to put it as nearly as possible upon an equality with the improved management of the Americans.» M. Stead considera con razón como el más grande fenómeno político, social y comercial, la ascensión de la gran república al primer puesto entre las potencias del mundo.
El valiente periodista ha dicho claramente a sus connacionales: Si no renunciamos a un ficticio orgullo y no imitamos los procedimientos de los americanos, y no trabajamos para la concordia y unión del english-speaking world, vamos a quedar reducidos a la posición mediocre de Holanda o de Bélgica.
«Los norteamericanos se esfuerzan con inaudito despliegue de energía en rehacer el mundo a su imagen y semejanza. Y la americanización universal ha comenzado. Inglaterra está invadida. Irlanda es más americana que inglesa. Un irlandés preferirá siempre, y estará orgulloso de ser ciudadano americano, a ser súbdito de la Gran Bretaña. La mayoría de los irlandeses miran con hostilidad al imperio británico. El partido revolucionario irlandés es en América donde tiene su base, sus banqueros, sus comités. Cada día Irlanda está más americanizada, más y más asimilada a las ideas de la democracia del Oeste.