»Lo que América ha dado a los irlandeses es mucho más valioso que dollars. Es únicamente en las ciudades de la Unión Americana donde los irlandeses han tenido oportunidad de desplegar aquellas facultades políticas, cuyo ejercicio se les niega en su tierra natal.» M. Stead es un escritor franco, que no disfraza nunca su pensamiento y que habla claro.

Las Antillas están llamadas a la anexión a los Estados Unidos; y es muy significativa una caricatura yanqui en que van, en forma de pollitos, a caer bajo el sombrero-trampa del Tío Sam. En cuanto al Canadá, juzga M. Stead que será la primera entre todas las antiguas colonias inglesas que se separe del Imperio para echarse en brazos de la forma republicana, aunque no para una anexión a los Estados Unidos.

Sin embargo, hay muchos partidarios de ella, sobre todo entre los canadienses de origen francés.

Australia está influenciada por los principios de la república americana. En la organización del Australian Commonwealth se ha tenido la mira puesta en los Estados Unidos. «El nuevo parlamento no tiene un año, pero ya ha formulado una petición de grandes alcances para la adopción de una doctrina de Monroe para el Pacífico.» Por lo que toca a la vida y costumbres, los australianos son mucho más americanos que ingleses, como lo han hecho notar algunos escritores y viajeros, entre ellos Henry George.

De paso, notemos una de las principales bases de la fuerza norteamericana en la inmigración. Son enormes aumentos de aspiraciones y energías las que han ido a acrecer la potencia propia. «La emigración, que a menudo es mirada por los americanos como un elemento de peligro, ha probablemente contribuído más que nada, excepto el puritanismo en la educación de la Nueva Inglaterra, a la formación de la república.» El profesor Starr ha asombrado recientemente con su afirmación de que, si no fuese el continuo influjo de la emigración extranjera con sus prolíficas familias, el tipo genuíno americano se aproximaría al piel roja, y, como el piel roja, estaría llamado a desaparecer. El país ha sido «un crisol de naciones».

La americanización de Europa va en una rápida progresión, aunque a ella se opongan unos cuantos espíritus defensores y previsores, cuyo principal representante y director es el emperador de Alemania. M. Stead tiene una frase muy feliz a su respecto: es Canuto, dice, enfrente del mar. La ola no deja de avanzar poco a poco a pesar de todas las protestas y de todos los esfuerzos. Y el viaje reciente del príncipe Enrique ha podido convencer al magnate viajero de la verdadera fuerza yanqui en su centro y origen, y el kaiser, una vez más, habrá sido bien informado. A esta oposición del kaiser obedecen las nuevas disposiciones y las nuevas tendencias de encauce de la emigración de que he hablado en una de mis correspondencias anteriores. Pero oigamos: «No hay ciudades más americanizadas en Europa que Hamburgo y Berlín. Son americanas en la rapidez de su progreso, americanas en su nerviosa energía, americanas en su pronta apropiación de las facilidades para el rápido transporte. El americano se encuentra mucho más en su casa, a pesar de la diferencia de idioma, en la concentrada y febril energía de la vida de Hamburgo y de Berlín, que en las más estacionarias y conservadoras ciudades de Liverpool y Londres. El manufacturero alemán, el armador alemán, el ingeniero alemán, están prontos a emplear las más recientes máquinas americanas. La máquina de escribir americana impera tanto en Alemania como en la Gran Bretaña; y, lo que es mucho más importante, el estanciero americano continúa proveyendo de pan y tocino, en cantidades cada vez mayores, la mesa alemana». Hay además la transfusión de ideas políticas, que ha preocupado mucho al emperador, con justo motivo.

La influencia norteamericana en el imperio otomano se ha entrevisto recientemente, a propósito de la captura de miss Stone. El misionero yanqui ha fundado colegios y centros que, al propio tiempo, son de propaganda evangélica y de provecho para los Estados Unidos. En Bulgaria, la mujer mas influyente era una discípula de la famosa miss Stone; la señora W. B. Kossuroth. Si el gobierno americano hubiese querido tomar la cosa a pechos, cuando el secuestro sonoro, «las Estrellas y Listas hubieran flameado pronto sobre las aguas del mar de Mármara, y el trueno de los cañones americanos hubiera sonado la agonía de la dinastía otomana. Ningún poder sobre la tierra hubiera podido detener el avance de los barcos americanos, y ninguna potencia de Europa, por supuesto, se habría atrevido a intentarlo.»

En el resto de Europa la americanización ha tomado otras vías. La invasión es sentida por todos y en la conciencia de todos parece incontenible.

En Asia, los Estados Unidos, después de la guerra con España, han llegado a ser un poder activo con la toma de las islas Filipinas. El influjo del capital americano en China y en el Japón ha ido en aumento desde hace tiempo.