V

E recibido de M. Jacques Morland la comunicación siguiente: «En un discurso reciente, el emperador Guillermo II ha proclamado de nuevo la pretensión del espíritu germánico a una supremacía mundial.»

Parece, no obstante, que una reacción se produce contra la influencia intelectual alemana que fué tan fuerte en maestros como Renán y aun Taine en Francia, y en la mayor parte de los espíritus de la segunda mitad del siglo xix.

Las victorias de 1870 han valido a Alemania un ascendiente universal. Los franceses, vencidos, estuvieron por reconocer esa preponderancia y creyeron deben instruirse en el país de sus vencedores.

De vuelta de ultra-Rhin, los jóvenes franceses se interrogan, se felicitan de algunos fecundos procedimientos de trabajo adquiridos en las universidades alemanas, pero muchos confiesan una decepción.

Numerosos síntomas indican un descenso de esa autoridad que se había acordado a la cultura germánica.