Rosto singular
Olhos socegados,
Preos e cansado
Mas não de matar.
Tal dice el antiguo. El lírico actual nos habla de la misma encarnación que adquiere una fuerza simbólica:
O Sita, castisima Esposa
Kali sangrenta e tenebrosa
Irmã de tigre e capellos
Energia da nossa Raça,
Todas quebram a tua graça
Teus manilhados tornozellos.
La atracción de las cosas, el enigma de la naturaleza ha de despertar ansias que se expresarán en rimadas armonías, o correspondencias que se exteriorizarán en trozos musicales. Y en medio del ambiente asiático os sorprenderá escuchar tal reminiscencia de Vigny, tal eco de arieta de Verlaine, o de melodía poemal. El amador canta a la mujer y a las mujeres. Estas pasan en un amable desfile. Yo veo las inglesas viajeras, amantes de la literatura y de excursiones; francesas de paso, buscadoras de las bellas aventuras de là-bas; portuguesas intelectuales, nobles y finas, amigas de la naturaleza y de los viajes aéreos en compañía de los poetas. Las inglesas suelen decirles lindas verdades que complacen el sentido shakespeareano. Por ejemplo, esta verdad gentil, expresada bajo el cielo de Aden: «It is better to have loved and lost than never to have loved at all». A esa hija de Albión que tales cosas emite, aplaudiría sin duda alguna nuestra Teresa de Jesús.
*
* *
Ved rosas de sangre y de piedad. Deteneos en ese «beautiful Bombay»; escuchad, a la orilla del mar, cantares de melancólicas insinuaciones. Vuelve un eco de los pasados madrigales, de las primeras delicias juveniles, de los primeros despertamientos del deseo.
Con una gracia de virtuoso os narrará el portalira un idilio sajónico. Se celebrará el prestigio de antiguas proezas de familiares caballeros. Habrá una variada confusión de rememoraciones y de sensaciones, y junto a un paisaje de Goa se encenderá en su dulce fuego azul la bahía de Nápoles; y después de una evocación mortuoria, se tornará a la eterna tentación femenina. He ahí la sonatina de las hojas caídas y el cuento del rey de Brocelianda, de la más feliz y sonora elegancia. He ahí a Sisina:
Sisina, a Rosea e Flava, a graça do Velabro.
He ahí un cuento de monjas, a propósito de las cuales sabemos que, como reza en la Historia de la Fundación del convento de Santa Mónica de Goa, «las sutilezas con que el común adversario procura impedir las obras del servicio de Dios, son todas como suyas; mas cuando este Señor quiere que ellas aparezcan a la luz, importan poco sus sutilezas y sus ardides. Halla el poeta asuntos en bellos hechos pasados, y así recuerda las leyendas de la India, de Gaspar Correa, o la Historia trágico-marítima del naufragio del gran galeón San Juan en la costa del Natal, el año 1552. O canta el sitio de San Francisco de Goa, arcaicamente:
Gritos de morte, pragas de furor,
E as labaredas tresdobrando o horror...