...........................................
La musique a des sons bien étranges;
On dirait un remords qui pérore.

Mourants ou morts dejà les sourires mièvres,
Les madrigaux sont morts sur tous les lèvres.
...........................................

Dans la salle de bal nue et vide
Reste seul un bouquet qui se fane,
Pour mourir du même jour livide
Que l’espoir des danseurs de pavane.

L’éclat falot de la bougie agonise
A l’infini, dans les glaces de Venise...

Después una canción jovial cuyo final nos llevará al ineludible páramo de los desengaños; una «feerie»—para Rachilde—que sería maravillosamente a propósito para ser interpretada por Odilon Redon.

Y en los «bailes», son las alegres danzantes, las amadas, las adoradas—¡ah, crueles gatas nietzschianas!—las alegres danzantes que danzan al son de los violines y de las flautas.

Entre aromas y sonrisas y músicas, helas allí del brazo de los caballeros, de los pobres enamorados caballeros.

—Bellas nuestras, ¿queréis colocar en el lugar de las rosas, sobre vuestro corazón los corazones nuestros?

¡Ah! ellas dicen que sí, toman los corazones, se los prenden al corpiño, y ríen. Los pobres caballeros partirán y han de ver cómo las bellas danzan en la sala del baile, y cómo se desprenden los corazones de los corpiños, y cómo ellas siguen danzando,