Sobre la cúpula presuntuosa, el águila yanqui abría sus vastas alas, dorada como una moneda de 20 dólares, protectora como una compañía de seguros.
—Ustedes, dije a mi amigo, que tienen buenos arquitectos y hasta la vanidad de un estilo propio, ¿por qué han elevado un edificio romano en vez de un edificio de Norte América?
—No hubiera quedado muy bien, contestóme—, una casa de 20 pisos; a no ser que la colonia viniese a vivir en ella. En cuanto a lo romano, nos sienta perfectamente.—Nosotros también podemos decir hoy: Civis, etc.
En el pabellón imponen el repetido motivo del Capitolio. En dimensiones, es el más alto de todos. Sobre la base arquitectural cuadrangular, se alza la vasta cúpula, en la que se posa el glorioso pájaro de rapiña. Hay un arco al lado del Sena sobre el cual la Libertad en el carro del Progreso, es llevada por una cuadriga; entre las columnas corintias del arco, el general Washington está montado a caballo.
Entramos. Mister Woodward ha dicho: «En lo interior de ese monumento el americano estará en su casa, con sus amigos, sus diarios, sus guías, sus facilidades estenográficas, sus máquinas de escribir su oficina de correos, su oficina de cambio, su bureau de informes, y hasta su agua helada.» Y mister Woodward tenía razón a fe mía.
Al penetrar en el gran hall, no encuentro sino compatriotas de Edison que van y vienen, o leen periódicos, o consultan guías, o toman agua helada, y oficinas por todas partes, en un ambiente de la Quinta Avenida. Allí hay un salón de recepción de la comisaría; más allá, una serie de buzones; más allá, telégrafo; más allá un banco.
—¿Quiere usted cambiar algunos geenbacks, o águilas americanas? me pregunta mi yanqui. Le contesto con mi modestia latina, que propiamente en ese instante, no tengo tales intenciones... Y agrego: «¡Las águilas vuelan tan alto como las odas!...»
A los dos pisos superiores se sube en ascensor made in United States.
—Aquí, me dice mi sonrosado compañero—, primer premio de rowing—aquí está únicamente nuestra casa, nuestro home. Nuestro progreso, nuestras conquistas en agricultura, en ingeniería, en electricidad, en instrucción pública, en artes, en ciencias, en todas las labores y especulaciones humanas, están expuestas en los distintos grupos de la Exposición, como ya lo habréis visto. Venimos con la completa satisfacción de nuestras victorias. Somos un gran pueblo y saludamos al mundo.
Le contesté con versos de Walt Whitman: