Le encuentro en la Pinacoteca, de la cual es director, y en donde tiene su cátedra de estética. Su estudio, revuelto en un bello desorden de libros nuevos y viejos, y adornado con dos ricas joyas de Serra, el pintor, dos cabezas de viejo.

Panzacchi es alto, gentil, de cabellos grises, el que viste más elegantemente de todos los escritores boloñeses. Hallóle Ojetti en la Pinacoteca. He aquí la esencia de sus ideas sobre las preguntas del interviewer: Separa las literaturas latinas que resultan de la obra semejante de muchos contemporáneos escritores, de las literaturas del Norte, que en el fondo existen solamente por labor de individualidades distintas.

La razón de la decadencia, de la general decadencia de la literatura, del arte, tiene bases económico-sociales.

En Italia, más que en cualquier parte, o, al menos, con mayor sinceridad, se siente lo nuevo. «Digo nuevo, dice Panzacchi, para no usar el adjetivo moderno, que por el abuso ha llegado a ser falso, y a perder casi todo significado.»

No asegura claramente un despertamiento en Italia: ve más bien un deseo y tal vez una conciencia de despertamiento. Es oír trabajar sutil, disperso, profundo, oíble tan solamente para las orejas expertas; pero el trabajo existe, ciertamente, y tiene carácter italiano.

En Italia, con mayor sinceridad que en ninguna parte brilla sobre la producción, de los ingenios, de algún tiempo acá, una vaga luz de misticismo. ¿Reacción? Acción espontánea del alma, fuera de toda razón, de método literario. ¡Quién sabe! Corifeos del movimiento, la Matilde Serao y Antonio Fogazzaro. En Francia ha habido igual movimiento, pero no son sinceros; la sinceridad, la fe, la necesidad absoluta de la fe, son cualidades necesarias. ¿El misticismo de D'Annunzio? Es un misticismo muy afrodisíaco, una necesidad de los sentidos, y de los sentidos más bajos, no una necesidad del alma. No es síntoma de debilidad el misticismo. No hay que confundir el ascetismo con el misticismo. Los amores florecidos de medrigales, o grises de sentimentalismo, han hecho su consumo. Hoy los jóvenes deben buscar la forma de arte. Carducci ha iniciado ese movimiento. Su mérito es todo de la forma. El ha dado a la poesía y hasta a la prosa literaria italiana, una nueva forma: forma noble, digna del pensamiento.

Después Ojetti fué a ver al místico

ANTONIO FOGAZZARO

Seghe di Velo, lugar en donde el escritor tiene su «villa».