en el lomo del toro, ya su cuello

la roja sangre tibia

hace un foulard soberbio.

De un lado, por debajo

del rojo trapo en que su furia engríe,

el toro surge, alzando

remolinos de arena,

de otro lado sonríe una cara morena.

O bien en los tres tiempos

del pase natural, tendiendo el brazo