UNA CARTA DE RACHILDE

Madame Rachilde, la rara de mis Raros, me ha dirigido una carta, en la cual algunos párrafos me incitan a los presentes comentarios.

Rachilde ha conocido mi juicio sobre su complicada personalidad; y en el capítulo que a ella concierne en el libro, una parte hay que la ha hecho escribir la más femeninamente espiritual de las protestas.

Por de pronto, se refiere a su rareza. «No soy tan rara—dice—, puesto que no soy sino una mujer.» «Hablo como siento, escribo como pienso, y como lo hago sin ningún artificio, lo hago todo muy mal.» Llegáis a la gruta mágica; os extrañáis delante de los misteriosos ojos de la sibila; Deifobe os contesta con una sencillez encantadora: «Hablo como siento, vaticino lo que pienso; y como todo lo hago sin ningún artificio, lo hago todo muy mal.»