Es indudable que, una nueva manera de hacer reir, no dejará de ser solicitada.

El eterno asunto de los cocus y las eternas suegras en berlina; los fáciles intríngulis sobre manera repetidos; las rebarajadas escenas de las siempre usadas comedias, debían ser reemplazadas, y el reemplazante ha sido el payaso, que suaviza sus gracias y quita su colorete al pasar de la pista a las tablas. Pero Mr. Dunn, no podía negar, por más que quisiese, su parentesco estrecho con el perilustre Tony. He aquí lo que hoy sucede en la Gran Bretaña a la feerie del gran Will: los inventos exportables y productivos de los Brandom Thomas, Paulton y Compañía.

El argumento de la obra es ya conocido de los lectores de La Nación. Sin diálogo, y al son de una música más o menos sugestiva, sería la obra una agradable pantomima.

Han dado los actores que en esta comedia se han presentado, muestra de innegable talento, pues se esforzaron por contener la clownería en momentos en que lo bufo llegaba al colmo.

Niobe, por otra parte, no ofreció toda la beldad que cuentan la leyenda y los carteles.

De lamentar es que se haya elegido para obra de estreno, en Buenos Aires, la pieza de que nos ocupamos.

Se ha reído, ciertamente. Pudiera ser que si no los seiscientos llenos del Strand, alcanzase unos cuantos el Victoria. Pero no juzgamos a propósito para la presentación de una artista que se tiene como tal, en grado más que común, una producción en que el arte no aparece, y la alteza estética está substituída por la burda fabricación de productivos enredos, cuya ficelle, por lo gastada, llega a causar impresión de novedad. ¡Ese sueño de Dunn, Dios mío! ¡Y esas reminiscencias de Bellanis y de Mark Twain, cuando la ridícula Niobe mira con sus ojos antiguos las cosas modernas!

Un tiempo se acostumbraba, después de los tres o cuatro actos de la obra seria de la noche, el acto del sainete en que el buen público reía después de las emociones anteriores. Anoche se vió trocado todo esto.

El fino acto de Cavalloti dió una ligera sensación artística, y el sainetón inglés vino luego, con sus tres actos.