¡Fuiste mi amigo en arte y en existencia; me defendiste, me amaste, me comprendiste, desde que, al llegar a Buenos Aires, me fuiste a saludar en nombre de La Nación, en cuya casa confraternizamos!

¡Por eso, por tu corazón y talento, yo te defenderé y amaré tu memoria puesto que te comprendí! ¡Raté! dirá una conciencia; y mi corazón clamará: ¡Haced La Bolsa! ¡Y culparé a tu desconocido genio maléfico, o a tu sino, de que no hayas llegado a poner en tu torre soñada tu pabellón de victoria! Atmósfera propicia te faltó, tierra te faltó, aliento te faltó. Mueres demasiado temprano, pero tuya es solamente la mitad de la culpa.

Ahora tu visión astral y penetrante verá sobre el haz de la tierra quiénes te amaron de veras, quiénes fueron tus amigos. Yo no miento lágrimas; yo te digo adiós con una tristeza que puedes ver en lo hondo de mi alma.

Notarás, mi querido Miró, que no va mi corona entre las que acompañan tu féretro: ¡Yo te haré una de versos!


FIESTAS PRIMAVERALES
Una dalia

Cortesana de duro seno, de ojo opaco y obscuro, que se abre lentamente como el de un buey; tu gran torso reluce como un mármol nuevo.