Tierra de luz, de poesía y de riqueza, tierra prometida para el trabajo y la energía de los hombres, fué bien llamada Canaán por uno de sus preclaros escritores. Todo allí es encanto y lujo de la naturaleza, de tal manera, que los viajeros que por primera vez visitan país tan señalado y singular sobre la tierra, se diría que sufren como un deslumbramiento, por cielos, aguas, bosques, paisajes que se juzgarían ilusorios, y en donde se muestra la gracia y la potencia del universo. «Los mismos insectos,—dice el gran argentino Sarmiento, hablando del Brasil—son carbunclos o rubíes; las mariposas, plumillas de oro flotantes; pintadas las aves que engalanan penachos y decoraciones fantásticas; verde esmeralda, la vegetación; embalsamadas y purpúreas, las flores; tangible, la luz del cielo; azul cobalto, el aire; doradas a fuego, las nubes; roja, la tierra; y las arenas entremezcladas de diamantes y rubíes». Toda expresión, por hiperbólica que parezca, no sobrepuja a la realidad, tratándose de este país que contiene tantas cosas enormes, tantas cosas que parecen de fábula. Una riqueza imponderable de minerales; una variedad infinita en la flora y en la fauna; la bahía más bella y el puerto más bello del mundo, y el río Amazonas, el «Ecuador movible», «inmenso mar dulce, el más grande y admirable de los escenarios soñados para la epopeya». Son una extensión territorial de 8.497.940,6 kilómetros cuadrados, que representa 1/15 de la superficie total del globo y 1/5 del Continente Americano, con una extensión en el Océano Atlántico de 1.351 leguas. Limita con todos los países de la América del Sur, con exceptación de Chile, y los veinte estados y el distrito federal que lo constituyen, si alcanzasen la densidad de población de Bélgica, ¡podrían contener en su conjunto la totalidad de los pobladores actuales del planeta! «Los árboles más corpulentos—dice el escritor chileno Clemente Barahona Vega, a quien seguimos en estas anotaciones,—las plantas más vistosas, las yerbas más medicinales, las flores más bellas, los arbustos más raros, se encuentran ahí con profusión. La vegetación ostenta por doquiera una lozanía, un lujo que pasman al espectador, siendo incontables las maravillas y curiosidades que ofrece. El cedro del Amazonas alcanza la altura de ochenta y dos metros, y diez de diámetro. Abundan los castaños de cinco metros de diámetro y cincuenta y cinco de alto. La Victoria Regia, flor colosal y magnífica, crece en tal grado que uno de sus pétalos constituye por sí solo la carga regular de un peatón. ¿Para qué hablar del árbol del pan y de la leche, del árbol de la goma y de la cera, que parecen concentrar en si la mitad de las propiedades del reino vegetal? Conforme al estado actual de la ciencia, los reptiles del Brasil representan un poco más de 1/12 del total de la tierra entera; contiene más de cincuenta clases de culebras y serpientes, algunas boas de 20 metros de largo, y doce de ellas venenosas, siendo las más terribles las víboras. Entre sus mamíferos se distinguen el tapir, el armadillo, el de mayor tamaño en América, y el hormiguero, que prestan utilísimos servicios para el exterminio de las hormigas y otros bichos que amenazarían la habitabilidad del país en ciertas partes. Hay una infinidad de loros del más brillante y atrayente plumaje, por lo cual, en los primeros tiempos, se llamó a terra dos papagaios; y de insectos, desde el cocuyo luminoso y la mariposa de vivaces y múltiples colores, hasta el mosquito zumbón y terrible que bulle por miriadas, y de monos y macacos. En cuanto a volátiles, según el doctor Goeldi, hospeda casi 1/6 de todas las especies de aves del globo. Se conocen más de mil ochocientas variedades de peces en los ríos y en los lagos. Agassis afirmó que tan sólo en una pequeña laguna cerca de Manaos, se descubrieron 200 distintas, en tanto que todos los ríos de Europa, desde el Volga hasta el Tajo, nutren nada más que 150 especies. Llaman la atención, el pirarucia del Amazonas y el rubin del San Francisco, en condiciones análogas al bacalao, y el pirahna, de 35 centímetros de largo, y tan corajudo, que se bate con los aligatores y las boas. La caza de la tortuga es ocupación muy lucrativa en los estados de Pará y Amazonas; en ese río gigantesco, con su legión de doscientos afluentes, pululan en espeso cardumen, viven los caimanes, y hay dos mamíferos acuáticos, el manati o vaca marina y una calidad de delfín, el ugara o boto del indio, que ocupa largo espacio en la imaginación del pueblo, que se cree que canta, como la sirena antigua, y con su canto seduce. ¡Ay de la doncella que lo oye cantar en noche de luna!»

La raza autoctona está dividida en cuatro naciones, distintas unas de otras por sus mitos, su lenguaje y costumbres: a) los tupys-guaranys, diseminados, y con varias denominaciones locales en la zona del país por ellos ocupada, de Sur a Norte y del litoral atlántico a Hinterland brasilero; b) los tapuyas o ges, feroces cazadores que opusieron resistencia a la civilización; enemigos traicioneros de los blancos, y genéricamente llamados bugres, habitantes de la altiplanicie del Este, enemigos de los tupys y caribes; c) los maipures o nu-aruaks, pescadores fluviales, del Noroeste; y d) los carabybas, caribes o caraïbas, en el alto Amazonas y región de las Guayanas, originarios del Brasil. Se reconocen, además, otros tres grupos generales, etnográficamente clasificados como ramas aparte; los carirys, los waitakas y los panos. La población selvícola, a la llegada de los portugueses, podría fluctuar entre un mínimum de dos y un máximum de cuatro millones. La introducción del negro se inició con la carta regia de 29 de Marzo de 1559, que otorgaba facilidades al tráfico del Congo, y con la celebración del primer contrato para la introducción de etíopes, suscrito en 1563 entre el gobernador Carioca Correira de Sá y Juan Gutiérrez Valerio. El negro ha sido un elemento de muy grande importancia en el Brasil. «El elemento africano, en contacto íntimo con nuestra familia y cruzándose ampliamente en todo el país, forma hoy con los otros dos, el tupy y el portugués, la nacionalidad brasilera», dice un autor. Ultimamente, ha habido mucha inmigración europea. Según datos oficiales de hace unos dos años (1910), la población está de este modo dividida: italianos: 1.300.000; portugueses: 800.000: alemanes: 300; españoles: 100.000; polacos: 80.000; franceses: 10.000; ingleses: 5.000; norte-americanos: 500; de otras nacionalidades: 110.000. Número de indios mansos: 450.000; de indios bravos: 350.000; de negros puros: 300.000.

La potencialidad económica del Brasil es de las más extraordinarias. Calcúlase que posee una superficie de 840.000.000 de hectáreas; 8.000.000 de terreno cultivado y 52.000.000 de floresta, quedando 780.000.000 de terreno inculto. Se calcula que puede contener hasta 30 millones de cabezas de ganado bovino, caballar y mular. El trigo y el centeno dan un rendimiento doble o triple del de Europa y Asia, particularmente en Río Grande do Sul, que en el siglo xviii fué el granero de Estados Unidos, Repúblicas latinas y Cuba. De las 40 variedades de mijo se obtiene desde 150 hasta 400 por uno. La caña de azúcar, que constituyó la principal industria hasta la llegada del café, éste, el algodón, el tabaco, la yerba mate, el cacao, el lino, la cebada, el añil, han adquirido un desarrollo asombroso. El cauchú es uno de los productos de las selvas que más influencia ejercen en la vida económica del país. Hasta 1861, el Brasil ocupaba el segundo lugar entre los productores de borracha del mundo entero; hoy es sin disputa el primero. En lo que se refiere a las industrias fabriles, una de las que han prosperado más es la de los tejidos de algodón, lana, y seda. En 1897 había 50 de éstas. En cuanto a los diamantes, una compañía inglesa, dueña desde 1830 de las Minas de Morro Velho, aplica la electricidad para todas las operaciones del beneficio, y obtiene una entrada mensual de £25,000. El Etoile du Sud, hallado en 1853, pesaba en bruto 254,5 quilates, y tallado, con sus facetas cambiantes y deslumbradoras, 125 quilates y medio; el Diamante de Dresde, en 1857, tenía un peso de 117,5 quilates antes de pulirlo, y después, 63,5. Los dos están en poder de un príncipe de la India, y fueron adquiridos en 1.200.000 pesos el primero, y en la mitad de este precio el segundo.

El movimiento aduanero, siempre refiriéndose a datos de 1910, es como sigue: Exportaciones: 799.670.295 pesos mil reis o sea £53.059.480. Importaciones: 499.286.976 pesos mil reis, o sea £33.204.041. Saldo a favor: 300.383.319 pesos mil reis, o sea £19.855.439. La Deuda Interior es, en en pólizas, títulos de renta: £552.476.600. La Deuda exterior: Empréstitos diversos, con un valor total de 69.608.357 libras esterlinas, que representan en papel moneda al cambio de 15: por mil reis, 1.113.733.712 pesos. Total: 1.666.210.312 pesos mil reis. Siendo la población del Brasil de 22.000.000, se deduce que la deuda que gravita a prorrata sobre cada habitante es de 75,73 pesos por mil reis.

«La República se inició—dice en su citada monografía Barahona Vega—con una junta provisoria de Gobierno, presidida por el mariscal da Fonseca y compuesta de siete miembros más Benjamín Constant, Ruy Barbosa, Quintino Bocayuba, Edmundo Wanden Kolk, Aristides da Silveira Lobo, Manuel Ferraz de Campos Salles y Demetrio Nunes Ribeiro, las más elevadas personalidades representativas del movimiento que habían sido elegidas por los autores de la revolución republicana, como brazo de la idea. La preocupación especial de la Junta de Gobierno fué dictar la nueva Constitución, la cual tuvo una prolongada gestación en el Congreso Nacional. Por fin, en una sesión solemnísima, el 24 de Febrero de 1891, en el viejo palacio de los emperadores, transformado triunfalmente en anfiteatro de una convención republicana se hizo la promulgación del nuevo Código Fundamental del país. El Mariscal da Fonseca «soldado de alma brava y sencilla» resultó electo por el Congreso, y al siguiente día, Presidente Constitucional, hasta el 15 de Noviembre de 1894; pero por el golpe de estado del 5 de Noviembre de 1891, que fué mal visto de la nación, resignó el mando, veinte días después, en el Vicepresidente electo, Mariscal Floriano de Peixoto. Cumplido el período presidencial de da Fonseca por el Vicepresidente Peixoto, subió al poder el doctor Prudente de Moraes Barros. Con la exaltación de este ciudadano, sube con él el civilismo a la alta dirección de la República.

La evolución no podía ser más eficaz ni más rápida. Dos Gobiernos militares con un período de dictadura, habían dado pie a ciertas tendencias hacia el militarismo sectario; pero el primer gobierno civil que tomó el poder acabó con ellas. Para esto hubo que cerrar por tiempo indefinido la Escuela Militar, y se cerró; hubo que destruir la escuadra, y se deshizo. El mérito histórico de aquellos hombres fué saber ver con claridad en la confusión de los sucesos y de los días, y proceder a asegurar la suprema conquista con abnegación y energía. El 15 de Noviembre de 1898 recibió su investidura de jefe del Estado el doctor Manuel Ferraz de Campo Salles, y sin más interrupción que la brevísima del 19 de Octubre al 8 de Noviembre de 1900, en que fué subrogado por el Vicepresidente, doctor Francisco de Assis Rosa e Silva, continuó consagrando sus desvelos de estadista a la ejecución fiel del programa de reconstrucción de las finanzas, sin salirse un punto de esta línea de conducta. Para la magistratura suprema, en el siguiente período de 1901 a 1906, favorecieron los sufragios del pueblo, para Presidente, al doctor Francisco Rodríguez Alves, que no delegó el mando un solo día, y para Vicepresidente al doctor F. Silviano de Almeida Brandao. El Presidente Rodríguez Alves dedicó sus más tesoneros esfuerzos al saneamiento, transformación y embellecimiento de la ciudad de Río Janeiro, y mejoramiento de los puertos del país. El 15 de Noviembre de 1906, el Vicepresidente en ejercicio, doctor Alfonso Augusto Moreira Penna, pasó a ejercer la Presidencia de la República, y a llevar a la práctica, de un modo sostenido, el programa de población y viación del país y la difusión de la enseñanza, que había sido la hermosa y sincera plataforma de su candidatura presidencial. Por la muerte de este hombre de estado sucedióle el doctor Nilo Peçanha, que siguió estrictamente el mismo programa. Por último, fué electo, con aplauso general, el pundonoroso Mariscal Hermes da Fonseca, quien es un esclarecido jefe del Ejército, Exministro de la Guerra de la Administración anterior, y personalidad de rasgos enérgicos y francos, y de altas y atrevidas vistas patrióticas.

Alma y certero brazo director de las relaciones internacionales, fué el recientemente fallecido barón de Río Branco, cuya desaparición ha sido lamentada en todas partes. Puede decirse que, por su tacto y pericia, llegó a ser el primer estadista del continente. Digno heredero de su ilustre padre, aumentó aún más el brillo de su nombre.

El Brasil intelectual es de una fuerza e intensidad dignas de mayor fama en el mundo. La lista de sus hombres eminentes llenaría más de una página nuestra. Básteme con citar a Joaquín Nabuco, Ruy Barbosa, Machado de Assis, Joao Ribeiro, José Verisimo, Araripe Junior, Taunay, Graça Aranha, Galvao, Olavo Bilac, y tantos otros dignos de figuración en cualquier nación europea. Su prensa, con órganos como el Jornal do Comercio y O Pais, es de un gran prestigio. Y Río y Sao Paulo, gozan de un atractivo y de una celebridad ya mundiales. ¡Bello, soberbio, opulento país!