[URUGUAY]

Desde los trabajos de Azara hasta las impresiones y datos publicados por diferentes viajeros en épocas recientes, muchos son los libros en donde pueden conocerse la geografía, la historia, las riquezas y el progreso material y moral de la república del Uruguay. Una obra monumental fué publicada en 1910, en Montevideo, por el Sr. D. Carlos M. Maeso, en la cual se contienen variadísimas y detalladas informaciones. Se titula tal libro El Uruguay a través de un siglo, y en él se ve la creciente y brillante transformación, que, a pesar de las agitaciones políticas y luchas guerreras, ha hecho del país «oriental» un plantel de civilización y un emporio de trabajo.

He allí una tierra amable, feraz, con el encanto pintoresco de América, sin muchos de los inconvenientes de otras regiones, y en donde los habitantes, con un afán continuo desde la consecución de su independencia, han procurado, en las disciplinas de la paz, y aun a través de las bregas de las revoluciones, constituirse una patria digna de haber realizado, según la palabra de Anatole France, «un tipo superior de civilización».

¿Qué importan las fiebres del crecimiento, si se llega con vitalidad y empuje al libre desarrollo de un pueblo viril y brillante? Pues hay que advertir la bella aureola de romanticismo nacional que han tenido a los ojos extraños, tierras de lucha, gloriosas y legendarias, como la Grecia moderna en el continente europeo y el Uruguay en la América del Sur.

Uruguay, tierra de heroísmo. Es ciertamente, en su historia, una distintiva, entre las repúblicas de nuestra América, que han sido, en sus esfuerzos por personalizarse en el coro de las naciones, tierras de heroísmo. Es usual y fácil en el viejo mundo achacar un exceso de primitivismo y una irremediable propensión a los conflictos sangrientos, y a las revueltas intestinas a nuestras democracias; «se nos ha juzgado, dice el autor uruguayo que he citado, con un criterio especial, que no es el criterio humano que ha presidido el juzgamiento de los hechos fundamentales a que ha obedecido la evolución sufrida por las naciones europeas para llegar a la hora y al estado presentes. Nosotros habremos pasado por pruebas dolorosas para fundar principios de libertad y justicia, implantar la democracia triunfante y consolidar el derecho propio y el ajeno; pero esas pruebas no han tenido la intensidad terrible y feroz que para alcanzar idénticos fines han sufrido Estados europeos que figuran al frente del avance civilizador de esta época; la sangre que han derramado las revoluciones americanas forman un mísero arroyuelo comparado con los mares de sangre que se han vertido en Europa para satisfacer ambiciones de déspotas, o alcanzar la libertad apetecida». Nada más fuerte en razón, y es el hecho que algunas de esas repúblicas, entre las cuales se encuentra el Uruguay, están, en muchas de las ventajas de la civilización y de la humana cultura, a la par de las naciones principales de Europa, y aun llevan la delantera a otras. Cierto que lo que aquí se ha amalgamado en centurias, allá se ha improvisado en lustros.