[PARAGUAY]

Tierra de sol, tierra de épica historia, tierra de leyendas. Lo que hicieron sus hombres en la guerra terrible, se ha contado a los niños de América, como las hazañas de los héroes homéricos o los cuentos fabulosos. Porque allí se demostró con sangre y muerte, saber de patria y de sacrificio, quizás como en ninguna parte, y el poeta argentino de la barba florida pudo cantar:

Llora, llora, Urutaú
En las ramas del yatay;
Ya no existe el Paraguay
Donde nací, como tú:
¡Llora, llora, Urutaú!

Y cuando los niños que quedaron fueron a su vez hombres, ya que no lucharon con el extranjero, lucharon y luchan entre ellos, como en otras tierras de nuestra América. ¡Fatalidad!

Y esa región es bella, ubérrima, digna de los halagos y de los beneficios del porvenir, si paz y trabajo hubiese en la concordia de sus hijos.

Leyendo la monografía de Lisoni, se admira el portento de ese suelo feraz que riegan las corrientes copiosas del Paraná y el Paraguay; sus bosques llenos de árboles preciosos; sus plantaciones de hierba-mate, verdadera mina vegetal que produce al año 17.600.000 libras; el quebracho colorado y el palo rosa, aparte de otras maderas preciosas que son tesoros para la ebanistería, y el árbol del incienso y el bombax de seda. Todo lo más rico, variado y bello que da la tierra fuerte, hay en aquella Mesopotamia gloriosa del Sur, en aquel país mediterráneo, privilegiado por la Naturaleza en el portento de su flora y en una primavera eterna y saludable. Solamente la cosecha de tabaco llega a 6.000.000 de libras por año. La institución agrícola oficial trabaja con celo y constancia y anualmente se multiplican los rendimientos agrarios.