Es grande la exportación de algodón paraguayo, de larga fibra, tan estimado en los mercados alemán, holandés y británico. El aceite de petit-grain—zumo de hojas de naranjo—es fabricado en varios establecimientos destiladores del distrito de Yaguarón. El cultivo del arroz se realiza con provechoso esmero, y la Sociedad Nacional de Agricultura otorga premios a los cultivadores del mejor grano.

El negocio pecuario durante los dos últimos lustros se ha desarrollado inmensamente, hasta el punto de que ganaderos argentinos y brasileros han sentado sus reales en el país, efectuando exportaciones continuas de tasajo a España, Brasil y Cuba, y de cueros a Europa, donde alcanzan altos precios.

No obstante los desórdenes revolucionarios frecuentes, los gobernantes paraguayos se preocupan de estimular la inmigración, y hay colonias italianas que han dado excelentes resultados. En la actualidad se piensa introducir familias asiáticas para el cultivo del tabaco, la caña dulce y el arroz.

En mineralogía no es escaso el Paraguay. Cuenta con minerales diversos, entre los cuales deben contarse el cuarzo, el caolín, el hierro, el manganeso, el cobre, el mercurio, y con piedras preciosas como el ópalo y la ágata.

Según los mejores cálculos estadísticos, el movimiento comercial paraguayo asciende a 12.000.000 de pesos anuales. En 1907, por ejemplo, llegó a la suma de 12.233.823 pesos. Todo lo cual indica de manera indudable que el Paraguay, gozando de paz sólida, sus hijos entregados a la noble labor de la riqueza nacional, podría llegar a un desarrollo inmenso, aportando producciones cuantiosas al mercado universal.

Hacer que llegue esa hora de concordia y de labor, debe ser la idea primordial de cada buen patriota en la linda tierra Guaraní.

A consecuencia de la guerra espantosa de 1865 a 1870 que desoló al Paraguay, llevándolo a una miseria inaudita, las ciudades y pueblos quedaron reducidos a escombros, y sólo restan de los tiempos de bravura heroica muy contados edificios. Entre ellos son de recordar, por su sobriedad y su belleza arquitectónicas, el palacio de Solano López y la iglesia Catedral de La Asunción, ciudad la más ilustre en época memorable, cuando fué el centro metropolitano del Sud-América, por su ruidoso fausto. En los arsenales de La Asunción se construían barcos, armas y municiones para la guerra, y ese gran desarrollo industrial animaba extraordinariamente la capital por aquel entonces, cuyos ecos ha sabido recoger y eternizar la historia en capítulo aparte.

Hoy el Paraguay trata de renacer, como el ave mitológica, de sus cenizas y escombros, y en el recuerdo de sus épicas desventuras se levanta en el continente americano, como un ejemplo admirable de patriotismo. El Paraguay es un ejemplo hoy que el águila yankee mira hacia el Sur, como orientándose para un vuelo de rapacidad conquistadora.

Véase lo que una pluma serena—aunque optimista en la actualidad—escribió sobre el Paraguay, haciéndose intérprete de la nueva era:

«Enclavado el Paraguay en el centro mediterráneo de Sud-América, rodeado de grandes ríos, pero apartado de los centros y vías oceánicas de comunicación directa con Europa, vióse obligado a permanecer muchos años como viuda feudal envuelta en sus negras tocas, a la húmeda sombra de sus terrones.