A no dudarlo, es el Salvador uno de los países más interesantes, más laboriosos y más bellos de la América española. Sus pobladores, dedicados en su mayoría a la agricultura y al comercio, le han hecho alcanzar un gran desarrollo, no obstante su espíritu revolucionario, por desgracia propio de casi todo el continente.
Fué El Salvador la primera tierra centro-americana que dió el grito de libertad, el 5 de Noviembre de 1811, siendo gobernador español de la provincia D. Antonio Gutiérrez de Ulloa, y capitán general del Reino de Guatemala D. José de Bustamante y Guerra. Las ciudades de Metapán, Zacatecoluca, Usulután y Chalatenango, unidas a la de San Salvador, quisieron rebelarse contra el dominio de España y apoderarse de armas y tesoros reales. Los iniciadores del movimiento fueron los presbíteros D. Nicolás Aguilar y don Matías Delgado, D. Vicente Aguilar, D. Juan Manuel Rodríguez, D. Manuel Aguilar y D. Manuel José Arce, quienes, deponiendo al gobernador Ulloa, realizaron algo del plan libertador; pero no fueron ayudados por las otras ciudades provinciales y se desalentaron. El ayuntamiento de Guatemala envió en Diciembre del mismo año a los regidores D. José M. Peinado y D. José de Aycinena, y ellos pacificaron la capital, quedando el primero al mando de la provincia. Más tarde, en 1814, Rodríguez y Arce quisieron rebelarse de nuevo, pero fracasaron en este segundo intento, siendo encarcelados y permaneciendo presos hasta un año antes de que los demás patriotas coronaran su empeño y quedara hecha la Independencia nacional, el 15 de Septiembre de 1821. El centenario de ese primer movimiento acaba de celebrarse con toda brillantez.
En los últimos tiempos, la nación se ha encaminado por una vía de progresos y de reformas. El doctor Zaldívar, a pesar de sus errores políticos, fué un gobernante civilizador. El general Menéndez ha dejado el recuerdo de su labor patriótica y de su actividad proba; y hoy, el doctor Manuel E. Araujo ha iniciado su gestión gubernativa, inspirado en los mejores propósitos y dando un ejemplo único de desinterés, de voluntad, de concordia y de verdadera comprensión del destino a que está llamado su pueblo valiente y trabajador. No hace mucho emitió, en un mensaje a la Cámara Legislativa de la República, conceptos como los siguientes, en que pueden apreciarse sus bien orientadas miras, siendo El Salvador tierra esencialmente productiva, cuyo continuo desarrollo agrícola se impone como primera condición de grandeza en el porvenir. Decía el presidente Araujo, después de varias consideraciones:
«Estas máximas fecundas de la ciencia agronómica, que he tenido ocasión de meditar y comprobar en las experiencias de mi vida de agricultor, me hicieron pensar que, en un país esencialmente agrícola como el nuestro, uno de los mayores bienes que el poder público puede hacer a la sociedad, es la protección decidida y eficaz y la dirección inteligente y científica de la agricultura nacional. La conservación y el desarrollo de la riqueza pública, y base de la prosperidad general, están a ese precio.
»Por eso fué que al organizar el Gabinete, el día mismo que tomé posesión de la Jefatura suprema del Estado, mi primer cuidado fué la creación del Ministerio de Agricultura, como órgano del Gobierno en sus relaciones con esa industria importantísima, y llamé para su desempeño a un ciudadano distinguido y agricultor muy prestigioso.
»El primer cuidado que se tuvo para la institución de este nuevo centro orgánico del Estado, fué la fijación de su esfera de acción, por el deslinde de sus atribuciones, conforme a los altos fines que, por medio de él, intentó realizar en beneficio del país. A este propósito obedeció el Decreto legislativo de 30 de Marzo del año anterior, atribuyendo las funciones propias de su índole al Ministerio de Agricultura.
»Para procurar mayores fondos aplicables a los servicios agrícolas estaduales, se dictó, con fecha 8 del propio mes de Marzo, el acuerdo que suprime el 6 por 100 que inmotivadamente devengaban los tesoreros municipales por la recaudación de los fondos de agricultura, se suprimieron algunos empleos innecesarios y se rebajaron sueldos desproporcionados.
»Comprendiendo que un país que goza de un suelo tan fértil y apropiado a múltiples cultivos remuneradores no debía limitarse a los ramos de producción ya conocidos, se hizo al Poder Legislativo una iniciativa para que dictara el decreto de 6 de Abril, que declara libre la introducción al país de semillas para el cultivo del algodón, y de maquinaria para la fabricación de tejidos y de otras industrias que se relacionan con ese importante producto agrícola, debiendo celebrarse cada cinco años exhibiciones de tejidos y otros productos extraídos del algodón, y señalando premios a los mejor calificados en los concursos respectivos.