El territorio costarricense tiene una extensión de 50.000 kilómetros cuadrados y, después de la República del Salvador, es el país más pequeño de Centro-América. Después de la Independencia, el mapa del país no ha tenido alteraciones importantes, pues aunque Colombia por el Sur, y después Panamá, han ocupado cortas zonas, por el Norte, en cambio, ha tomado incremento, adquiriendo la provincia del Guanacaste. La población de esta provincia, en el año de 1824, consiguió su anexión a Costa Rica, separándose de Nicaragua.
A la magnífica situación geográfica del país, que ocupa el centro del Continente, y a la feracidad de su suelo, en que todo se produce, debe su nombre simbólico, que merece por todos conceptos. Lo mismo que los otros territorios centro-americanos, Costa Rica ofrece los más bellos paisajes y la más robusta y variada vegetación a los ojos del viajero. Un sistema montañoso coronado por grupos de volcanes en el Norte, y que alcanza por el Sur a la línea de las nieves eternas, atraviesa toda su longitud, desde el río San Juan hasta los montes panameños de Chiriquí. Ese sistema montañoso se dilata en el centro y forma la ancha meseta por donde se cree que en remotas épocas confundieron sus aguas los grandes mares. Por las dos vertientes de la cordillera bajan aguas en abundancia, que van a bañar las tierras de labores a uno y otro lado. En la costa del Pacífico, en el golfo de Nicoya, se agrupan islas fértiles como la de San Lucas, en la cual está situado el establecimiento penal que lleva el mismo nombre, y como la isla del Coco, a que se refiere la tradición, y donde se cree que existe un tesoro dejado por piratas ingleses en tiempos ya remotos.
A pesar de su pequeña extensión territorial, Costa Rica tiene todos los climas, desde el de las regiones ecuatoriales hasta el templado y frío de las sábanas y cumbres andinas. Las costas del Atlántico y del Pacífico son de temperatura ardiente, pero la capital, San José, y las ciudades de Heredia, Alajuela y Cartago tienen clima saludable y frío. El litoral del Atlántico, por bajo y húmedo, fué hasta hace pocos años refractario al desarrollo de las poblaciones, pero los cultivos y un sistema de saneamiento moderno le han hecho habilitable y propicio al progreso. La fiebre amarilla y otras enfermedades de las tierras calurosas y desaseadas, desapareció de Costa Rica por el celo de sus gobiernos más recientes, que invirtieron fuertes sumas de colones en el saneamiento general. Ahí está Puerto Limón en el Atlántico, que es ya una ciudad floreciente y próspera.
En la variedad de climas de que he hablado, la fauna y la flora costarricenses constituyen una riqueza espléndida. País de eterna primavera, a la europea, no tiene otra variación que la de siete meses de lluvia y cinco de sequedad. Según varios naturalistas experimentales, hay pocas zonas en el mundo que cuenten con la variedad de especies vegetales de este país. El árbol de caucho, ese oro vegetal, abunda en las selvas; las palmas alcanzan alturas de 300 pies; la planta del cacao es casi natural, y finas maderas como el palo de mora, la caoba y el cedro llenan los espesos bosques.
La extensión del reino animal está en consonancia. En el Museo de Washington, por ejemplo, estaban clasificadas en el año de 1885 más de 700 especies de aves, número que pasa y dobla al de toda Europa.
Por sus condiciones climatéricas y por su suelo, es Costa Rica un país, más que todo, agrícola. Su producción de maderas, caucho y café, desde los tiempos de la Independencia, constituyó su fuente principal de comercio, fuente que hoy cuenta con inmensos cultivos de plátano, exportado en barcos especiales de una poderosa compañía frutera a los principales puertos norte-americanos y europeos, y, además, con productos de gran valor como plantas textiles y medicinales, arroz, frutas, del trópico en general, caña de azúcar y cacao.
En cuanto a la minería, ésta alcanza cada año mayores proporciones. Se han formado sociedades poderosas con capitales del país y extranjeros, que extraen plata, oro, cobre. La explotación de este último metal se realiza desde los primeros años de la pasada centuria, y hoy cuenta con establecimientos montados por la ingeniería moderna en las minas de Avangares y del Monte del Aguacate.
Refiriéndose al comercio, dice un distinguido Cónsul de Costa Rica, el Sr. Elías Leiva Q.: «Los datos referentes al comercio nacional acusan una pujanza productiva, excepcional en países de escasa población como éste. Se ha llegado a exportar allí, en sólo productos del suelo, más de 19 millones de colones (oro nacional de 24 d.), o sea un promedio de 65 anuales por habitante. Tomando el movimiento comercial en conjunto, resulta que el país puede exhibir un promedio por cabeza de 100 colones, que es mucho mayor que el de los demás países de Centro-América, y sólo inferior en América al de Argentina, Cuba y Uruguay. Este comercio se hace en su mayor parte con los Estados Unidos y Europa, y muy principalmente con Inglaterra, y por el principal puerto de la República, en el Atlántico, el puerto de Limón, que está a seis horas de ferrocarril de la capital, y que es, después de Colón, el primero de la América Central por este lado de la costa. El Estado se proporciona sus recursos con el producto de la renta aduanera, y con el de algunos impuestos como el del timbre, registro de la propiedad, alcoholes, patentes para la venta de los mismos y del tabaco, venta de tierras baldías nacionales, etcétera. La renta de aduanas forma el cincuenta por ciento de las entradas generales, lo que acusa un progreso muy halagüeño en el comercio de la República. El total de las entradas fiscales alcanza a más de 9.000.000, oro nacional, con los cuales el Estado atiende a los servicios públicos, pero muy pronto se verán aumentados esos proventos con el nuevo impuesto que grava la exportación de la banana, que está en su mayor parte en manos de una compañía extranjera, la United Fruit Company. Con él se espera atender al servicio de las deudas externa e interna, que hoy ascienden juntas a 18.000.000, y que en los últimos años se habían descuidado mucho por la crisis financiera que, por causa de malas cosechas en el café y de su bajo precio en el mercado europeo, ha tenido que sufrir el país».
El sistema monetario de Costa Rica es a base de oro. La unidad lleva el nombre de Colón, equivalente a 778 miligramos de oro de 900 milésimas de fino, es decir, a cerca de 24 peniques. El colón se parte en cien centavos. Sus submúltiplos se acuñan en plata y los múltiplos en monedas de oro. El problema monetario se resolvió sin mayores dificultades, pues el comercio le fué favorable, y el país estaba en condiciones de adoptar la moneda que hoy tiene. El cambio internacional se ha sostenido con variaciones insignificantes desde el año de 1900, cuando quedó resuelta y asegurada la conversión metálica; y la vida económica se benefició con la normalidad que dió a los negocios la nueva moneda. Desde luego, la importancia de empresas norte-americanas e inglesas establecidas en la nación ha sostenido el dólar y la libra esterlina que, con el colón, equilibran las transacciones y evitan crisis.
Son fáciles las comunicaciones terrestres en Costa Rica. De la capital, San José, hasta el puerto de Limón, sobre una distancia de más de 80 kilómetros, se extiende la línea férrea que pasa por el valle del río Reventazón, poniendo en diario contacto a las numerosas poblaciones de la vertiente del Atlántico. Esta línea pasa por todos los climas del país y es uno de sus trayectos más pintorescos, donde se puede apreciar la vegetación de las diferentes zonas. Hay otra vía de hierro que, descendiendo por la vertiente pacífica, por el valle del Río Grande, sobre el que se levanta un puente colosal, vence enormes obstáculos y va hasta el puerto de Puntarenas. Costa Rica, pues, como Méjico, Guatemala y Panamá, tiene un ferrocarril interoceánico. Con las ciudades de Alajuela y Heredia, que son importantes centros del comercio y de la agricultura nacionales, tiene también una vía férrea, San José. Además, la línea al Atlántico extiende varios ramales por las plantaciones fruteras, llegando a un total de 300 kilómetros en explotación. Las demás ciudades y pueblos de la nación están unidos por carreteras y caminos que el gobierno central y los provinciales conservan en perfecto estado, aun en la época de lluvias torrenciales. Redes telefónicas y telegráficas cruzan de Norte a Sur y de Este a Oeste el país, tan bien atendidas, que casi nunca se interrumpe el servicio con punto alguno. Hay también en Puerto Limón, por ejemplo, estaciones de telégrafo inalámbrico, que prestan continuo e importante servicio a los numerosos barcos que frecuentan aquellas costas. Limón y Puntarenas están a poca distancia de Colón y de Panamá. A Puntarenas arriban vapores de la línea Kosmos, de la compañía inglesa de Chile, y de la Pacific Mail Navigation Company de los Estados Unidos de Norte-América, y algunas embarcaciones mercantes del Oriente. En Puerto Limón tocan los vapores que hacen el servicio regular con New-Orleans, New-York y Boston, y que llevan bananas a los Estados Unidos del Norte y a Europa, y las líneas Hamburguesa-Americana, francesa, española, inglesa e italiana.