Costa Rica está casi despoblada, teniendo en cuenta los pobladores que cabrían en su extensión territorial. En la actualidad, apenas si pasa de los 360.000 habitantes de la raza blanca en su totalidad, pues los indígenas siempre fueron escasos y el elemento español ha dado origen al núcleo de población actual. Así, pues, el costarricense es, etnográficamente, distinto de los otros centros americanos. Sus hábitos son sencillos y su carácter pacífico, condiciones que explican su bienestar próspero. Inmigraciones voluntarias llegan al país, y encuentran todos los apoyos y estímulos en su labor. La Constitución ordena tolerancia en cuestiones religiosas, pero, como en casi todos los pueblos de América, tiene supremacía la Iglesia Católica.

La instrucción pública ha sido muy bien dirigida en Costa Rica. Más de la mitad de la población sabe leer y escribir, y posee nociones de cultura general.

El servicio de la cultura popular está tan bien establecido, que Costa Rica siempre ha tenido mucho mayor número de maestros que de soldados. El presupuesto para la Cartera correspondiente es, después de los de Fomento y de Hacienda, el que cuenta con mayores recursos. Por tanto, no es raro que este país, en la estadística americana, ocupe el segundo lugar en instrucción pública, después de la República Oriental del Uruguay. Hay una ley nacional que ordena la enseñanza obligatoria y gratuíta. Esta ley fué promulgada en 1887, y ha sido la base de las legislaciones al respecto. Los métodos de pedagogía más modernos y aplicables se han adoptado, y el mayor y más eficaz empuje en favor de la cultura popular lo debe el país a aquel apóstol que se llamó D. Mauro Fernández, cuyas nobles labores se perpetúan con su famosa Ley General de Educación Común.

Siendo una carrera el magisterio en Costa Rica, hay un cuerpo de profesores de ambos sexos, y cada ciudad tiene un Liceo de Varones. La capital cuenta con dos colegios de segunda enseñanza: El Liceo de Costa Rica y el Colegio Superior de Señoritas, que por todos conceptos compiten con los planteles de su género, ya norte-americanos o europeos. Y por convenio de los países centro-americanos, en las conferencias de Washington y San José de Costa Rica, de 1906, ha de fundarse el Instituto Pedagógico Centro-Americano.

Las organizaciones de Higiene y de Beneficencia no omiten esfuerzos para estar a la altura de las necesidades del país, que cuenta con hospicios, hospitales y lazaretos de primer orden.

No terminaré sin recordar la obra patriótica del ex-Presidente D. Cleto González Viquez, quien ha dedicado su vida de trabajador constante al engrandecimiento de Costa Rica. El señor González Viquez, obediente a la voluntad popular y respetuoso de la ley, entregó la presidencia al doctor Ricardo Jiménez Oreamuno, cuyo ilustre nombre está vinculado a la historia moderna y a la legislación del país. Este Presidente diserto, prudente y lleno de luces, pertenece a lo más florido de la intelectualidad costarricense, que ha contado con brillantes nombres en el pasado, y que en el presente se enorgullece con los de Pío Viquez, Aquileo Echeverría—el más nacional de sus poetas—el elegante y culto Brenes Mesén, Lisímaco Chavarría, el desventurado Rafael Angel Troyó y otros. Harto conocidas son las figuras de D. León Fernández, el concienzudo historiador, y su hijo Ricardo Fernández Guardia, lo mismo que el Marqués de Peralta, que honra la diplomacia hispano-americana en Europa, y Ernesto Martín, cuya juventud fecunda es una de las más seguras esperanzas de su patria.


[SANTO DOMINGO]