El marfil de las frentes, la brasa de las bocas,

y la autumnal tristeza de las vírgenes locas

Por la Lujuria, madre de la Melancolía.

Marina.

Como al fletar mi barca con destino a Citeres

Saludara a las olas, contestaron las olas

Con un saludo alegre de voces de mujeres.

Y los faros celestes prendían sus farolas,

Mientras temblaba el suave crepúsculo violeta.

«Adiós—dije—países que me fuisteis esquivos;