Adiós peñascos enemigos del poeta;
Adiós costas en donde se secaron las viñas,
Y cayeron los términos en los vosques de olivos.
Parto para una tierra de rosas y de niñas,
Para una isla melodiosa
Donde más de una musa me ofrecerá una rosa.»
Mi barca era la misma que condujo a Gautier
Y que Verlaine un día para Chipre fletó,
Y provenía de
El divino astillero del divino Watteau.