Y era un celeste mar de ensueño,

Y la luna empezaba en su rueca de oro

A hilar los mil hilos de su manto sedeño.

Saludaba mi paso de las brisas el coro

Y a dos carrillos daba redondez a las velas.

En mi alma cantaban celestes filomelas

Cuando oí que en la playa sonaba como un grito.

Volví la vista y vi que era una ilusión

Que dejara olvidada mi antiguo corazón.

Entonces, fijo del azur en lo infinito,