Y el soplo de la brisa golpeada de destellos,
que estremece las jarcias y azota mis cabellos.
Peregrino del arte, voy al soñado Oriente,
el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente.
¿Será mi afán fecundo? ¿Realizaré mi sueño?
¿Me dará la victoria su laurel halagüeño?
¿Conquistaré, en mi ruta la áurea forma suprema
para engastar la idea que me obsede; me quema?
¿Conseguiré tras todo, aunque en porción escasa,
donar una luz nueva a mi raza?