Este es el último papa de la profecía de San Malaquías. Pedro Romano pastoreará su rebaño entre las más terribles tribulaciones. Entre los argumentos de que se vale el abate para afirmar con San Malaquías que Pedro Romano será el último pontífice, hay uno modernísimo, y es el de que en Roma, en la iglesia de San Pablo, fuera de los muros, en donde se encuentran todos los retratos en mosaico de los papas, desde San Pedro hasta León XIII, hay diez medallones vacíos. He aquí el final de la famosa profecía: «In persecutione extremâ sacrae Romanae Ecclesiae sodevit Petrus Romanus; qui pascet oves in multis tribulationibus; quibus transactis, olvitas septicolis disuctur, et judex tremendus judicabit populum.

«Postea, finis».

En la última persecución de la Santa Iglesia Romana habrá un Pedro Romano elevado al pontificado, que apacentará su rebaño entre grandes tribulaciones; pasados esos tiempos arduos, la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez tremendo juzgará al pueblo.

«Después el fin».

III

La profecía ha tenido algunos adversarios, entre ellos el abate de Vallmonnt y el padre Ménestrier. Al primero le recusa nuestro comentarista como protegido de Voltaire, y al segundo, como plagiario. Se han hecho de la profecía de San Malaquías negaciones que el abad refuta con argumentos, cuya exposición haría interminables estos artículos.

Además de San Malaquías, ha habido numerosos profetas que vaticinaron el fin del mundo. Por ejemplo, San César de Arlés, obispo, muerto el año 542, el cual anunció que de los restos de la Iglesia perseguida un papa hará, con ejemplo de sus virtudes, la reconstrucción de la cristiandad, ayudado por un rey de Francia, dechado de religiosidad. Después de él, los crímenes del hombre serán tan grandes que Dios decidirá el fin del mundo. Este papa, según el abad Noé, será el cuarto de los futuros, el «Pastor angelicus», y el rey piadoso, colaborador suyo, el príncipe del «Aguilón», de que hablamos antes.

Otro profetizador de la terminación del mundo fué Pierre d'Aylly, nacido el año 1350, doctor de la Sorbona, cardenal y legado del papa. Este sabio, teólogo y astrólogo, dijo que las conjunciones de Saturno y Júpiter resultarían grandes perturbaciones astrales, seguidas de revoluciones políticas por el año 1789. Después de él, afirmaba, el Anticristo no tardaría en llegar.

Está la célebre profecía de Orval, atribuída a muchos, entre ellos a Philippe Dieudonné, monje. Sabido es que ella fué también arreglada a propósito por mademoiselle Lenormand para adular a Bonaparte. En su versículo 47 dice: «Et voila déjà six fois trois lunes et quatre fois cinq lunes que tout se sépare; et la siècle de fin commencé.»

Haciendo el cómputo de todas las lunas, según lo ha hecho el abate Noé, resulta que el siglo del fin es el nuestro, el siglo XX. Hay que advertir que las tres profecías anteriormente citadas están de acuerdo respecto a un próximo fin del mundo, y un sabio americano, autor de La creación y sus misterios descubiertos, obra publicada en París en 1858, M. Snider, apoya aquellas conclusiones con argumentos científicos.