Por otra parte, son muchas las tradiciones que señalan la terminación del mundo para los seis mil años después de la formación de Adán. Entre los judíos existía ya la idea, y el doctor de la ley, Elías, muerto trescientos cincuenta años antes de Jesucristo, hizo alusión a ello.
Sabido es que la leyenda católica está de acuerdo en esto con la tradición israelita, y muchos padres de la Iglesia se han ocupado del asunto. El vidente Holzhauser señala el 1911 como la fecha fatal. Otros, en cambio, no se acercan tanto como él a nuestros días, en sus predicciones. Así, fray Bucelín, que llega hasta 6004. Sor de la Natividad, clarisa bretona, dice a la letra: «El siglo 2000 no pasará sin que el fin no llegue». El abate D'Arzano señala el año 2000. Por fin, nuestro autor, después de cotejar profecías sucesivas desde Nostradamus hasta profetas yanquis, lo cual es un colmo, ratifica su opinión de que será en 1953.
Además, el Secreto de la Saleta da apoyo al abate Noé. Demás decir que su erudición bíblica le sirve a cada paso sobre el asunto desde Esotras hasta el Apocalipsis. Tiene en su libro un capítulo en que señala el triunfo de la francmasonería como precursor inmediato de la aparición del Anticristo. Habla en otro capítulo de los signos anunciadores del fin del mundo, a que se refiere el Evangelio: hambres, pestes, terremotos y extinción de la fe. No hay duda de que tiene razón al señalar todas esas cosas como sucedidas en nuestro tiempo, sobre todo en lo que se refiere al acabamiento de la fe.
En otro, relaciona con la extinción universal los asuntos de la política francesa.
Trata luego de la significación del Anticristo, y recuerda que San Juan aseguró que habría un gran número de ellos, como en efecto los ha habido, en Nerón, Mahoma, Juliano, Lutero y otros.
El vidente Holzhauser anuncia el nacimiento del Anticristo para el año 1855. Nicolás, en 1859. Por su parte el abate Noé afirma rotundamente que ha nacido en Europa el año 1863, que fué educado militarmente en una conocida escuela. Ignora su residencia, pero sabe que su opresión será corta, aunque terrible. La madre, judía conversa y ex monja, habita Londres, o estaba por lo menos allí en 1904.
Ahora, los que presten fe al excelente abate, puesto que no han sucedido muchas cosas que tienen que suceder, pueden estar perfectamente tranquilos por lo del colazo del Halley.