Esa falta de sinceridad de parte de los candidatos, no va, en último análisis, sin su falta de respeto para el elector. No os diré una novedad si os digo que el respeto no consiste en muestras exteriores de deferencia, o en la expresión de fórmulas de urbanidad. Respetar a alguien, es, ante todo, suponerle un buen sentido, un juicio por lo menos cercano al nuestro. Es, en segundo lugar, tratarle como una personalidad moral a la que no se procura el engaño o el daño. De modo que no decir la verdad y nada más que la verdad, a los electores, es ya reconocer su falta de inteligencia. Pero decirles tonterías, es tomarles por incurables imbéciles.

Véase esta muestra, entre otras, de esas tonterías a que me refiero:

1.° Supresión de todos los impuestos y voto del presupuesto facultativo.

2.° Jubilación a todo ciudadano de cincuenta años, con 60 francos mensuales.

3.° Aumento de sueldo de los empleados que no ganan 3.500 francos.

4.° Respeto a la libertad de trabajo con aplicación radical.

5.° Estímulo de la repoblación (prima de 500 francos por cada hijo que nazca).

6.° Supresión de los empleos inútiles.